Todos saben cómo trabajé. Pero no todos vieron cómo Dios me encontró. Quiero que sepan que nunca probé que merecía el amor de Dios — lo recibí, y en esa gracia aprendí a construir.
Mi mayor error fue dejar que la empresa recibiera la mejor parte de mí y la familia, lo que sobraba. No lo repitan. Trabajen duro, pero trabajen en alianza — nunca hagan del hogar el banco de reserva de la carrera.
Valoren la verdad cuando cueste caro, la palabra dada y la presencia entera. Traten el dinero como instrumento, el trabajo como servicio y el matrimonio como alianza.
Y que Cristo sea el centro de todo lo que construyan. Esta es mi bendición: que sean hallados fieles antes que exitosos.
